El tiempo
de las guerrillas, revoluciones, contrarrevoluciones e invasiones
norteamericanas, aparentemente ha perdido impulso y ha agotado
posibilidades. El neoliberalismo ha logrado imponer su ideología del mercado
libre con un puño oculto para reforzar su vieja estrategia del “desarrollo del
subdesarrollo” en su “patio trasero” con el fin de perpetuar el dominio de los
globalizadores .
El nuevo
modelo socio económico pudo eliminar la violencia revolucionaria y la contrarrevolucionaria
pero ha favorecido a la violencia criminal y el
narcotráfico. Según las Naciones Unidas, Honduras de 8,5 millones de habitantes
actualmente es el país más violento del mundo donde se registra un promedio de
20 homicidios al día y, se calcula que no menos de 600.000 personas estarían
involucrados directa o indirectamente en las pandillas si se toma en cuenta a
los familiares y a las comunidades donde residen los mareros. Un 90 por ciento
de los homicidios es atribuido por las autoridades a los miembros de MS-13 o a
la Mara Salvatrucha y al M-18 o la mara del Barrio 18.
Los
miembros de estas pandillas son contratados por los carteles del narcotráfico
que debe aportar significativamente al presupuesto
de Honduras.
Hasta
marzo de 2012, El Salvador con seis millones de habitantes era el segundo país
más violento del mundo por detrás de Honduras. Las maras eran
responsables también por el 90 por ciento de asesinatos que se incrementaron
después de aplicar el gobierno la “mano dura” en 2004. Se producía
diariamente un promedio de 17 asesinatos al día
Sin
embargo, las maras es un fenómeno de los años 1980 cuando más del 25 por ciento
de la población salvadoreña trató de salir del país para escapar
de la de la guerra civil que duró de 1980 a 1992. En aquellos años más de
75.000 habitantes perdieron su vida o se convirtieron en desaparecidos.
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