En la MS 13 (MARA
SALVATRUCHA), como en otras bandas , las mujeres son a veces mucho más
violentas que los hombres, y son la que tienen el poder en la sombra gracias al
sexo y a veces al dinero.
"Las mujeres son
muy activas porque sin ellas no pueden funcionar, si no quién les pasa los
recados, quién les da dinero. Son una forma de comunicación muy necesaria. Hay
mujeres que tienen mucho poder dentro de la pandilla’, asegura Flores que afirma
que si bien no hay casos de mujeres jefas de las bandas, "tienen
mucho poder porque llevan las palabras del jefe y a veces hablan por él. Pueden
ser hermanas o novias".
Lucía Pérez tenía 12 años cuando fue reclutada por la Mara Salvatrucha que
actuaba en su barrio, ubicado en la periferia de San Salvador. Ella quería huir
de su padrastro que la violentaba, y en la escuela recibió la ayuda de miembros
de esta pandilla que desde hace más de 30 años impone un sistema de violencia
que ha convertido a El Salvador en uno de los países más
peligrosos del continente.
Hoy tiene 20 años, dos hijos y 30 años de condena por delitos como
homicidio, robo, porte de armas y secuestro. La espalda de Lucía está cubierta
de tatuajes que simbolizan sus grandes hazañas como una de las líderes de la
pandilla y que en ocho años la llevaron a ser merecedora del alias “The devil”.
Asegura que entrar a la cárcel es lo mejor que la ha podido ocurrir.
Yo me gané el sitio dentro de las filas. Era ruda
y valiente. En general, a las mujeres nos toca hacer casi lo mismo que a los
hombres: robar, vender drogas, armas, organizar algún secuestro y asesinar,
claro.
-Yo tenía 12 años, cuando estaba en el colegio.
Llegó un chico mayor que yo y me entregó un celular, me dijo que el “jefe”
quería hablar conmigo. En cuanto contesté, me explicó que ya era hora de ser
parte de la Salvatrucha, que eso era un honor, así que en dos días tenía que ir
a un local abandonado, que quedaba en mi barrio. Allí me esperaron 12 chicos, y
el “jefe” me dijo que tenía que demostrar primero si era una mujer fuerte, así
que me violaron uno a uno. De ese día recuerdo que lloré de dolor hasta que
perdí el conocimiento. Al final de la tarde me dejaron tirada y todos se fueron
a beber ron afuera de la casa. Como pude me levanté y me fui a casa, tuve
dolores durante 15 días. El “jefe” me dijo que no me asustara, que había
demostrado mucha valentía y que ya era uno de ellos, que nada malo me iba a
ocurrir.
En el
barrio era parte de la rutina, de la manera
de socializar, de sobrevivir. A mí nadie me dijo que era bueno o era malo. A
los 12 años aprendí a ser una asesina, pensaba que era la mejor forma de
defenderte, de ser del grupo fuerte y no del débil.
-Los gobiernos de
Centroamérica insisten en crear políticas para acabar con las pandillas. ¿Qué
propondría?
-Que hagan políticas para que niñas como mis hijas no tengan como primera
opción de vida ser unas pandilleras. Aquí hay hambre y ese es el principio de
todo.
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